Como quizá algunos ya sabéis, la bilirrubina es un compuesto que se genera en el hígado y se almacena en la vesícula biliar. Sirve para emulsionar las grasas, es decir, para ayudar a digerirlas durante su paso por el aparato digestivo. Forma parte de las sales biliares junto a otras sustancias, y tiene un color amarillento/marronáceo, que es lo que nos interesa en este caso.
Ya os he comentado que este compuesto se vierte al intestino y se junta con el bolo alimenticio para ayudar a digerirlo. Tras el viaje por los intestinos, este bolo se transforma en heces, y la mayor parte de la bilirrubina que lo acompaña es modificada por las bacterias intestinales, pero se queda con ellas, dándoles ese tono característico. Sin embargo, otra parte es reabsorbida por el organismo, y generalmente recircula por la sangre hasta que es filtrada en el riñón e incorporada a la orina, con lo que también le da el tono amarillento.

Por último, la bilirrubina también es responsable del color morado que tienen los moratones. Éstos se generan cuando se rompe algún capilar y una pequeña cantidad de sangre se estanca en una zona concreta cercana a la piel, formándose un trombo que dificulta su transporte. Pues bien, en ese proceso, también se rompen algunos glóbulos rojos, que son los que transportan la hemoglobina (y ésta, a su vez, el oxígeno). La hemoglobina entonces se degrada en otros compuestos que terminan generando bilirrubina y que, en combinación con los glóbulos rojos que permanecen intactos, da color a ese moratón (lo que también está influido por el color de piel de la persona que los sufre).
Y nada más, creo que esto es todo lo que os puedo contar sobre la bilirrubina, por el momento. Para más información, consulten con Juan Luis Guerra.